El fin de un ciclo…


Tal como muchos preveían luego de la catastrófica derrota Argentina en Sudáfrica frente a Alemania, Diego Armando Maradona dejó su cargo de director técnico. Sin embargo, el motivo no fue un solo resultado, una goleada en contra o una declaración desafortunada. El asunto viene desde hace tiempo, más precisamente desde el primer día en que fue designado como entrenador.

El 5 de noviembre de 2008, en una conferencia de prensa, junto con Julio Humberto Grondona y Carlos Salvador Bilardo –presentado como secretario técnico ese mismo día-, en la que se vio a estas tres personas en un clima bastante calmo y hasta amigable,  Maradona puso en juego su idolatría al asumir como seleccionador argentino. No obstante, desde ese momento, su arribo a Ezeiza fue bastante cuestionado. Semanas atrás, Alfio Basile se había alejado de la Selección luego de una derrota frente a Chile por 1 a 0, y desde el círculo íntimo del Coco –especialmente su hijo, Alfito– apuntaron que el responsable de que los jugadores hubieran tenido una tarde noche para el olvido fue, nada más ni nada menos, que Diego Armando Maradona. Cuando las cosas empiezan mal terminan de la misma manera, dice un conocido refrán barrial, y esta no fue la excepción…

21 meses después, se volvió a ver a Diego frente a los periodistas, sentado en el predio de Ezeiza, pero el motivo de la charla fue completamente distinto al de finales de 2008. Luego de no haber renovado su contrato con la AFA, Pelusa leyó un comunicado, escrito por él, que duró aproximadamente 10 minutos. “Bilardo me traicionó y Grondona me mintió”, fueron las palabras de mayor repercusión de esa mini conferencia de prensa, en la que no hubo preguntas, a pedido del ex entrenador. Esa frase, al mejor estilo maradoniano, recorrió el mundo entero, y hundió al fútbol nacional, como también a la organzación, a lo profundo de un pozo que parece no tener fondo.

Cuando Diego habló de traición, ¿recordó que él fue quien aceptó la oferta del presidente de la AFA? En ese momento, él  atentó contra su conciencia al negociar con un dictador del fútbol en nuestro país, un personaje que se mantiene en la cúspide del poder desde 1979, transando con gobiernos de facto y apoyando a gobernadores que de a poco mercantilizaron propiedades de nuestro territorio.

En esta historia, Maradona no es Heidi ni Grondona el lobo feroz. Partiendo desde la premisa de que el fútbol es uno de los negocios que más poder y dinero mueve a lo ancho y largo del planeta, ambos íconos del deporte argentino defienden sus intereses. Obviamente, la capacidad de negociación de Don Julio es bastante superior a la de Pelusa, por lo en el momento en que comenzó el enfrentamiento, el final estaba escrito.

La decisión de colocarle al 10 el buzo de técnico en medio de las Eliminatorias fue para apaciguar las aguas tras el polémico alejamiento de Basile, para calmar un vestuario bastante “revolucionado”. Durante este mandato nada acompañó: 1-6 ante Bolivia en La Paz, un 0-2 que podría haber sido mucho mayor contra Ecuador, una lección futbolística de Paraguay que finalizó 0-1, un 2-4 frente a Cataluña, una derrota en España, y la frutilla del postre -uno bastante amargo para los argentinos-, el 0-4 ante Alemania en el Mundial; declaraciones de muy mal gusto luego de la clasificación a Sudáfrica en Uruguay, que dieron la vuelta al mundo; la frecuente incoherencia entre palabra y acción al nombrar jugadores que disputarían la Copa del Mundo o saldrían al campo en más de una ocasión, entre otros asuntos, fueron y son temas para tener en cuenta y no volver a repetir, sea cual sea el títere o entrenador que arribe. El ciclo Maradona fue negativo, pero como es el mejor futbolista de todos los tiempos, las críticas son menores, o peor aun, inexistentes.

Es hora de dejar de hablar de Diego, de Don Julio, de Bilardo; es hora de hacer un planteo serio y analizar qué se quiere para la Copa América del 2011 y para el Mundial del 2014; es hora de volver a estar en la cima del mundo en cuanto a lo deportivo. Material hay, falta trabajo.

En lo inmediato, un amistoso frente a España, que se disputará con jugadores seleccionados por Maradona, algunos agregados por Grondona y Bilardo, y con Sergio Batista en el banco de suplentes. Otra desprolijidad más, como las que vienen ocurriendo desde 1979.

Hasta luego Diego. Muchas gracias.

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Hasta el 2014…


La imagen del técnico Diego Armando Maradona desplomándose sobre la espalda de Sergio Agüero tras el tercer gol alemán fue un claro reflejo de lo que mostró Argentina en la estrepitosa caída por 4 a 0 frente a Alemania. Diría una derrota que quedará marcada por un largo tiempo.

El partido no comienza cuando están parados 22 hombres con una pelota en el medio del campo, sino que lo hace en la previa, con todo lo que los rodea. Las declaraciones polémicas de Bastian Schweinsteiger y las respuestas de Maradona; las dudas en cuanto a la formación argentina y las certezas alemanas; dos prensas que ya situaban a sus respectivas selecciones en semifinales, formaron parte de este duelo tan esperado por el mundo entero. Para uno era la revancha de Alemania 2006, para el otro este enfrentamiento servía para demostrar que lo que ocurrió cuatro años atrás no fue casualidad.

Ya situados en el 3 de julio a las 11 empezó lo que todos esperaban: que la pelota ruede en el Green Point Stadium. Un gol tempranero de los dirigidos por Joachin Low cambió por completo el rumbo del partido. La albiceleste tuvo que salir a buscar el empate y los europeos, con espacios para la contra, fueron letales. Hicieron cuatro: el primero de Thomas Muller luego de un centro, el segundo y el cuarto de Miroslav Klose, ambos de contra, y el tercero de Arne Friedrich, después de una segunda jugada proveniente de un tiro de esquina.

Esa goleada final deja poco margen para hacer un análisis intensivo del juego y de los merecimientos. Sin embargo, hay que decir que Argentina hizo lo que pudo. Con un planteo erróneo desde donde se lo mire por parte de su entrenador, los sudamericanos intentaron desplegar su juego, eso que saben, mover la redonda de un lado para el otro hasta que una jugada individual finalizara con la Jabulani dentro del arco rival. Ese fue el gran motivo de la derrota. Eso puede servir en campeonatos locales o internacionales de clubes, pero no en una Copa del Mundo, donde conformar un verdadero equipo es prácticamente garantía de victoria, o por lo menos, de bastantes puntos a favor. En estas instancias decisivas, un mínimo detalle puede dejar a un conjunto fuera de la competición, y Argentina vaya que los tuvo.

No es momento de prender la hoguera y quemar cabezas, pero sí es hora de hacer un balance y formular críticas constructivas para que lo de hoy no vuelva a suceder. A Nicolás Otamendi lo desbordaron los nervios, Maxi Rodríguez se encontró perdido en todo tramo del partido, Lionel Messi tomó el balón muy cerca de Javier Mascherano, lo que le quitaba piernas para lastimar donde vale, en el área contraria, y Gonzalo Higuain realizó un trabajo al cual no está acostumbrado: chocar, chocar y chocar con los muros alemanes del fondo, Friedrich y Per Mertesacker. No obstante, en un panorama tan oscuro como fue el de Argentina, hubo pequeñas cosas para destacar: El orden de Mascherano, la rebelión de Ángel Di María y la entrega de Tevez.

En cuanto a Alemania, el trabajo que realizó se puede definir en una sola palabra: efectividad.  La frialdad y la contundencia de los ganadores impresiona y hasta intimida. De seis remates que fueron en dirección al arco defendido por Sergio Romero cuatro ingresaron, y es la tercera vez en cinco partidos que logra anotar la misma cantidad de goles -4 a 0 frente a Australia por la primera fecha y 4 a 1 contra Inglaterra, por octavos-.

Hasta el momento, Klose y compañía no perdonan. Sin embargo, la virtud puede convertirse en problema cuando uno de los muchachos de arriba se despierte con un mal día.

Esta vez ni la humanidad de Messi, ni la garra de Carlitos, ni los goles de Higuain, ni mucho menos la presencia de respeto que provoca Juan Sebastián Verón estando en el terreno o los milagros del Titán, que de hecho no ingresaron, pudieron guiar a los de celeste y blanco a semifinales.
 
Hoy Argentina fue humillada. Hoy Argentina piensa en el 2014.